Usando su teoría de la relatividad, Albert Einstein describió
inicialmente, hace 104 años, un universo en el que la materia está
distribuida de manera uniforme a escalas suficientemente grandes,
cumpliendo el llamado Principio Cosmológico.
Pero no solo consideró que había homogeneidad en el espacio, sino
también en el tiempo: el universo fue y será siempre el mismo. A
Einstein lo que le gustaba era un universo estático, y sus ecuaciones
implican que tal universo tiene que ser finito. Para que todo lo que
existe sea finito, de alguna manera un rayo de luz debe mantenerse
“dentro del universo” (no muy afortunada la frase, ¡por definición no
hay nada fuera!, pero el lenguaje tiene muchas limitaciones cuando se
enfrenta a la cosmología moderna), por lo que su trayectoria debe
curvarse. Es lo que se conoce como un universo con geometría esférica,
que no significa que el universo sea una esfera, ya que el concepto de
esfera solo tiene sentido si hay algo fuera de ella.
Para nuestra mente no es fácil digerir que el universo tenga geometría
esférica y que en algún momento un rayo de luz pueda volver al punto del
que partió, como nosotros podríamos viajar por la superficie terrestre
en línea recta y llegar al mismo punto. Estamos hablando de un universo
en 3 dimensiones espaciales, curvado completamente. De nuevo, nada fácil
de asimilar, nos gusta la geometría euclídea, que es la que aprendemos
en el colegio cuando dibujamos triángulos y aplicamos el Teorema de Pitágoras.
Así que cuando a Einstein le informaron desde varias fuentes, por ejemplo Edwin Hubble,
de que las observaciones de galaxias indicaban que el universo se
expande, no es estático, y cuando por otro lado le dijeron que sus
mismas ecuaciones podían describir de manera fidedigna esa expansión, y
que como resultado la geometría del universo podía ser euclidiana o
plana, seguramente todo el mundo respiró tranquilo. Los humanos somos de
mente muy cuadriculada, cartesiana, todo para nosotros es fácil si las
líneas paralelas son siempre paralelas, y si un rayo de luz nunca
volverá a nosotros después de recorrer todo el universo. El párroco Georges Lemaître
le dijo a Einstein que sus ecuaciones sobre la evolución del universo
también podían servir para explicar un universo en expansión con un
pasado en el que todo estaba concentrado en un volumen muy pequeño, una
singularidad, el origen del Big Bang. Es decir, un universo nada
estático, algo que Einstein calificó como basado “en cálculos
matemáticos correctos”, pero con una “comprensión de la física
abominable”.
Continuación...
Pablo G. Pérez González es investigador del
Centro de Astrobiología, dependiente del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas y del Instituto Nacional de Técnica
Aeroespacial (CAB/CSIC-INTA)